Día de nuevo moribundo.
Llevaba una semana bastante bien, la verdad. Casi había ahorrado fuerzas y energía para ir olvidándome de las cosas. Pero las cosas siempre vuelven.
Hoy, a la tarde, intenté echar una siesta. Y entonces todo se empezó a poner en marcha: la respiración, el mareo, la agitación interna, el dolor en las piernas. Hasta la musculoequisosis apareció, como un fantasma que nadie hubiera invitado a la fiesta pero que hubiera sido incapaz de resistir la tentación de presentarse a última hora.
Luego todo pasa. O pasan los síntomas, mejor dicho, pero queda la suciedad. La pesadumbre. El miedo.
jueves, 16 de octubre de 2008
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