Día de nuevo moribundo.
Llevaba una semana bastante bien, la verdad. Casi había ahorrado fuerzas y energía para ir olvidándome de las cosas. Pero las cosas siempre vuelven.
Hoy, a la tarde, intenté echar una siesta. Y entonces todo se empezó a poner en marcha: la respiración, el mareo, la agitación interna, el dolor en las piernas. Hasta la musculoequisosis apareció, como un fantasma que nadie hubiera invitado a la fiesta pero que hubiera sido incapaz de resistir la tentación de presentarse a última hora.
Luego todo pasa. O pasan los síntomas, mejor dicho, pero queda la suciedad. La pesadumbre. El miedo.
jueves, 16 de octubre de 2008
lunes, 6 de octubre de 2008
el músculo x
Hoy fui al médico de cabecera. Al parecer, lo que tengo inflamado es un músculo que está justo debajo del esternón. Olvidé nombre y diagnóstico. Digamos que, si se trata del músculo equis, padezco musculoequisosis.
Causas, puede ser la mala postura o la obesidad.
Tratamiento, ibuprofeno en alguna de sus formas habituales.
Síntomas, un dolor intenso en la zona baja del pecho, o boca del estómago, especialmente en postura horizontal; en la cama, además, provoca una especie de convulsiones a medida que va pasando el tiempo.
Ayer, después de comer, me tomé el pulso; pasaba de cien. No lo relacioné. Pero esta tarde, al echarme a dormir una siesta, otra vez acelerado, y además un hormigueo en piernas y brazos. Luego, las convulsiones. Ahora sí lo relacioné.
Al médico de cabecera le parecen bien las instrucciones del psicoterapeuta. Hizo un cálculo por encima de las muchas horas que voy a dedicar a relajarme, y lo beneficioso que resultará. Pero, como para relajarme tengo que pasarme una hora tumbado, quieto, y tumbado me viene la musculoequisosis, la cosa se complica.
Tengo miedo, pero menos que ayer.
Causas, puede ser la mala postura o la obesidad.
Tratamiento, ibuprofeno en alguna de sus formas habituales.
Síntomas, un dolor intenso en la zona baja del pecho, o boca del estómago, especialmente en postura horizontal; en la cama, además, provoca una especie de convulsiones a medida que va pasando el tiempo.
Ayer, después de comer, me tomé el pulso; pasaba de cien. No lo relacioné. Pero esta tarde, al echarme a dormir una siesta, otra vez acelerado, y además un hormigueo en piernas y brazos. Luego, las convulsiones. Ahora sí lo relacioné.
Al médico de cabecera le parecen bien las instrucciones del psicoterapeuta. Hizo un cálculo por encima de las muchas horas que voy a dedicar a relajarme, y lo beneficioso que resultará. Pero, como para relajarme tengo que pasarme una hora tumbado, quieto, y tumbado me viene la musculoequisosis, la cosa se complica.
Tengo miedo, pero menos que ayer.
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